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viernes, 4 de diciembre de 2015

Limoncello




Si hay un licor de frutas que le gusta prácticamente a todo aquel que lo prueba, ese es el limoncello. Contrarresta el excesivo dulzor de este tipo de licores con la acidez y frescor de los limones, lo que lo convierte en el brebaje perfecto para acabar una buena comida. Si además lo hacemos nosotros mismos, podemos sacarlo a la mesa con orgullo o incluso regalarlo, envasado en bonitas botellas, para estas fiestas. Lo más complicado de elaborar el limoncello es encontrar el alcohol apropiado: como seguramente ya sabréis (sobre todo si sois aficionados a preparar algún tipo de licor) el alcohol que se vende en las farmacias no nos sirve para elaborar bebidas, ya que lleva un amargante, precisamente para evitar que nos lo bebamos. Así que hemos de encontrar alcohol de 90º puro, o bien substituirlo por una bebida de alta graduación como el vodka, el orujo, la grappa... Yo suelo utilizar vodka, del de toda la vida, transparente, sin sabores ni colores añadidos y el resultado es magnífico. Ahí va la receta:
 
Ingredientes:
10 limones
1 litro de alcohol
400 g de azúcar
500 ml de agua
Preparación:
Comenzamos por limpiar bien los limones, que han de ser de la mejor calidad posible. De hecho, el secreto de un buen limoncello son los magníficos limones de la costa Amalfitana, así que, aunque no sean de allí, por lo menos que sean unos limones bien hermosos, no? Retiramos la corteza de los limones con un pela patatas o una puntilla bien afilada, ya que nos interesa quedarnos solo con la parte amarilla de la corteza, y que arrastremos la menor cantidad posible de la parte blanca interna que recubre los limones, ya que nos amargaría el licor. Ponemos todas las cortezas en un recipiente de cristal junto con el alcohol, tapamos bien y lo dejamos reposar en un sitio oscuro durante 15 días. Mientras tanto, no tiréis los limones, ya que con ellos podéis hacer zumo y utilizarlo en el momento o congelarlo para usar en otra ocasión.


Pasados los 15 días en los que las pieles de limón estarán macerando en el alcohol, preparamos un almíbar ligero calentando el azúcar con el agua hasta que se disuelva completamente. Dejamos enfriar, filtramos las cortezas de limón y unimos el alcohol al almíbar. Nos quedará una bebida de una tonalidad amarillo verdoso opaco, muy propia del limoncello, que envasaremos en botellas perfectamente limpias (lo mejor es hervirlas previamente) y dejaremos reposar otros 3 días para que el azúcar suba la gradación del preparado.



Para consumirlo lo ideal es tomarlo bien frío, aunque hay quien lo toma a temperatura ambiente pues así es más aromático.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Pastelitos de limón






Hoy empieza el otoño y aunque no nos despedimos definitivamente del calor, ya no resulta una tortura encender el horno, por lo que dejamos un poco de lado los helados y volvemos a la carga con una receta muy sencilla, para unos bizcochos suaves y muy jugosos con sabor a limón. Los he hecho como mini bund cakes, porque me he enamorado de estos moldes, pero por supuesto pueden hacerse en moldes de la forma que queramos o en un solo molde grande. Las cantidades que os doy os valdrán para un molde de unos 600 ml, o como en mi caso, 12 moldes de 50 ml. Solo hemos de modificar las cantidades de forma proporcional para hacer más o menos cantidad dependiendo de la capacidad del molde que escojamos (que podéis medir llenándolo de agua y midiendo ésta con una jarra medidora de las de toda la vida). Si lo cubrimos bien para evitar que se seque, aguanta perfectamente un par de días, puede que más, pero no puedo jurarlo porque en mi casa se lo comen antes, je je!


Ingredientes:
2 huevos
140 g de azúcar
50 g de nata
35 g de mantequilla
110 g de harina
2 limones
1 cuchara pequeña de impulsor
Y para el glaseado azúcar glasé a gusto
Preparación:
Lavamos bien los limones y los rallamos, procurando no rallar las partes blancas, que amargan, sino solo las amarillas, que contienen todo el aroma. Unimos la ralladura con el azúcar y los huevos y batimos enérgicamente (incluso con la batidora o en el robot) hasta que los huevos empiecen a blanquear, es decir, que la mezcla deja de ser amarilla y se vuelve más clara. Añadimos la nata a temperatura ambiente, la harina tamizada y el impulsor. Finalmente agregamos la mantequilla derretida y mezclamos de modo que nos quede una masa homogénea.


Distribuimos la masa en los moldes (o la ponemos en un solo molde grande) y horneamos a 200º C. El tiempo dependerá del tamaño de los moldes. Con mis mini bund cakes no necesité más de 15 minutos, pero un molde grande y sin agujero central puede tardar hasta 40 minutos. Debemos comprobar que esté cocido pinchando el centro con un palillo; si sale limpio está listo. Desmoldamos el/los bizcochos y dejamos enfriar. Finalmente preparamos el glaseado exprimiendo los limones y agregándoles al zumo poco a poco azúcar glasé hasta que obtengamos un líquido blanco de consistencia más o menos espesa con la que bañar nuestros pasteles para darles un toque extra de sabor y de humedad, además de facilitar su conservación. Son ideales para la merienda.

 

jueves, 6 de agosto de 2015

Sirope de limón y menta






Pocas cosas hay que apetezcan más en verano que una limonada fresquita. Hasta hace no mucho tiempo, en verano en mi casa gastábamos cantidades ingentes de limones, para hacer nuestra limonada, exprimiendo limones y más limones y añadiéndoles agua y azúcar. Y no siempre quedaba igual. Pero entonces llegó a mi vida una receta de sirope de limón, bien concentrado, que no solo resulta deliciosa, sino que me ahorra exprimir montones de limones. Tengo en la nevera mi sirope concentrado y cuando me apetece lo diluyo en agua para tener instantáneamente la mejor de las limonadas. Además me dio por mejorar la receta añadiéndole menta y  el resultado es delicioso y super refrescante.



Ingredientes para el sirope concentrado:
300 g de azúcar
2 limones
40 g de hojas de menta fresca
250 ml de líquidos (el zumo de los limones más agua)
Preparación:
Ponemos en una olla la piel de los limones, bien lavada y pelada de forma que solo pongamos la parte amarilla, sin agregar apenas la blanca, que amarga. Agregamos las hojas de menta bien limpias, el azúcar, el zumo de los limones y el agua necesaria para llegar a 250 ml de líquidos. Llevamos a ebullición el tiempo justo para que el azúcar se disuelva, apartamos y dejamos enfriar (mientras sigue infusionando), primero a temperatura ambiente y luego en la nevera durante toda la noche. A la mañana siguiente colamos la preparación y volvemos a llevarla a ebullición, para luego envasarla en una botella de cristal de ½ litro que habremos hervido previamente, para asegurarnos de que esté perfectamente limpia. Este sirope puede conservarse en la nevera durante un mes.


Cuando queramos disfrutar de nuestra limonada simplemente debemos diluir 1 parte de sirope en 5 partes de agua. Podemos también ponerle hielo o usar el agua bien fría, dependiendo de cuan diluido nos guste el sirope… a mí me gusta con hielo, muy fresquito.

martes, 15 de abril de 2014

Pasteles sin horno



 
Habrá quien piense que no tiene ningún sentido que en un blog en el que hablamos de cosas que se pueden hacer al horno, aparezca de repente una entrada sobre unos pasteles que se hacen sin horno. Pero es que se trata de no ser tan estrictos, de estar abiertos a todas las opciones, y cuando una alternativa es digna de considerarse, hacer una excepción e incluirla, aunque se salte la norma.


Porque estos pasteles no solo son muy fáciles de hacer, sino que admiten miles de variantes y tienen la ventaja de ser más ligeros que los pasteles tipo bizcocho + crema, por lo que son ideales como postre tras una copiosa comida. La base es siempre la misma: una mezcla de galletas trituradas con mantequilla y el cuerpo del pastel lleva siempre lácteos para darle untuosidad, huevos y gelatina para darle consistencia y frutas y/o licores para darle sabor. La decoración por supuesto, depende de la imaginación o las ganas que cada uno le ponga, pero siempre teniendo en cuenta que no admiten peso, ya que son pasteles muy frágiles y ligeros, que cederían ante el peso del fondant o de unas figuritas. 



Por otra parte, si los cubrimos con una fina capa de gelatina (que es lo habitual) debemos tener presente que cualquier adorno que le pongamos que lleve colorante desteñirá al cabo de pocas horas, cosa que aprendí con la experiencia (para los que me dicen que todo me sale bien… nooooo, qué más quisiera!!!, a veces meto la pata!). Así que, o no ponemos cosas de colores, o las ponemos justo en el momento de servir nuestro pastel. Os doy la receta para un molde de unos 26 cm de diámetro.



Ingredientes para la base:
250 g de galletas tipo Digestive
125 g de mantequilla a temperatura ambiente
Preparación de la base:
Lo más fácil del mundo: triturar las galletas con la mantequilla y cubrir la base del molde de forma uniforme. Solo hay que tener en cuenta un par de cosas. Primero que el molde debería ser desmontable, sino no podremos sacar el pastel y no lucirá. Y segundo que es más fácil desmoldarlo si cubrimos la base con papel vegetal. Ponemos la base en la nevera y mientras se enfría preparamos el cuerpo del pastel. Para empezar, os doy la receta del de piña colada, que siempre tiene mucho éxito, luego veremos las variantes:



Ingredientes para el cuerpo del pastel de piña colada:
400 ml de leche de coco
4 huevos
250 g de queso para untar (tipo Philadelphia)
1 lata grande de piña
100 g de azúcar
50 ml de ron
12 láminas pequeñas de gelatina



Preparación del cuerpo del pastel de piña colada:
Empezamos poniendo a remojo en agua fría 9 láminas de gelatina (reservamos las otras 3 para la cubierta). En un recipiente que pueda ir al fuego ponemos la leche de coco, los huevos, el queso, el azúcar y las rodajas de piña (sin el zumo de la lata, que también lo reservaremos para hacer la cubierta). Trituramos todo con una batidora de brazo y lo llevamos al fuego, lentamente y removiendo hasta que rompa a hervir. En ese momento apartamos el cazo del fuego y añadimos las láminas de gelatina, hidratadas y bien escurridas. Dejamos enfriar un poco la preparación a temperatura ambiente (unos 15 o 20 minutos) y le añadimos el ron.


Ahora sacamos la base del pastel de la nevera y con mucho cuidado la cubrimos con la mezcla que acabamos de preparar. Volvemos a llevarlo a la nevera durante un mínimo de 3 horas (si es más mejor) para que se solidifique antes de ponerle la cubierta. Para hacer la cubierta solo hemos de hidratar las láminas de gelatina restantes y disolverlas en el zumo de la lata de piña caliente. Volcamos la gelatina sobre el pastel ya frío y lo devolvemos a la nevera hasta que solidifique. Tras otras 3 o 4 horas podemos desmoldarlo, con mucho cuidado, porque es muy frágil y podemos servirlo tal cual o ponerle algún adorno, como estas flores de fondant, pero, ya sabéis, en el último momento, para evitar que destiñan.



Variantes:
Una de las principales ventajas de este pastel es que admite muchas variantes. Una de ellas es la de fresas, en la que simplemente substituimos la leche de coco por nata y la lata de piña por unos 350 g de fresas. El ron podemos substituirlo por kirsch, o podemos simplemente no incluir ningún licor en la receta. La cubierta podemos hacerla con un sobre de gelatina de fresas normal y corriente, o triturar nuestras propias fresas para tener un plus de sabor. Y quien dice fresas, por supuesto, puede decir cualquier otra fruta que se os ocurra… estoy pensando en mangos y se me hace agua la boca…



Otra variante de mucho éxito es la de limoncello. En este caso no solo substituimos la leche de coco por nata, y agregamos la ralladura de 1 limón, sino que además substituimos las láminas de gelatina por un sobre y medio de gelatina de limón, reservando la otra mitad del sobre para la cubierta. Por supuesto el licor a añadir será el limoncello (generosamente ), y recomiendo añadirlo no solo al cuerpo del pastel, sino también a la cubierta.
Bastante más contundente resulta el de dulce de leche, que llevará unos 350 g del dulce manjar, en lugar de la fruta y al que podemos hacerle la cubierta de chocolate fundido.



Finalmente, una variante un poco diferente de este pastel, muy conocido en todo el mundo, es el pastel de Oreo. Como podemos todos imaginarnos, este pastel, ya no es tan ligero, pero es igual de fácil de hacer que las otras versiones y es delicioso. Para empezar, en lugar de galletas Digestive, debemos usar galletas Oreo. Para la cubierta usaremos las tapas de 6 galletas Oreo, trituradas y sin el relleno. Este relleno lo agregaremos al cuerpo del pastel, que además llevará el queso, la nata, el azúcar, los huevos, la gelatina y 100 ml de leche entera. Como veis, el que hice está adornado con galletas oreo mini por los lados.



Bueno, a estas alturas no negareis que, aunque no usáramos el horno, este post valía la pena. Me encantará saber que variaciones os gustan más y cuales se os ocurre inventar.



jueves, 20 de marzo de 2014

Tarteletas de limón (mini lemon pie)



No es que sea una receta muy novedosa, de hecho, recuerdo a mi abuela haciendo el “Lemon pie”. Pero es que además de ser un dulce delicioso, en mi casa tengo un auténtico fan del limón, y como ayer fue el día del padre, era casi obligado obsequiarle con algo de su gusto.




Hechas así, en pequeñas tarteletas individuales resultan además más vistosas y más fáciles de servir. El único elemento extra que hace falta para hacerlas de esta manera son unos moldes para tarteletas… y claro, el soplete… ya me han comentado (verbalmente, porque al parecer dejar un comentario en el blog resulta complicado para más de un@) que no todo el mundo tiene soplete…





... cierto… recuerdo a mi abuela poniendo su Lemon pie en el horno con el gratinador a tope, pero hay que tener un gran dominio del tema para que no se caliente toda la tarta y se deshaga como un helado al sol. A falta de soplete, lo más apropiado es un quemador de crema catalana, de esos antiguos de hierro. Pero ¿cuánta gente tiene aún uno de esos? Además en la mayoría de tiendas especializadas los sopletes tienen un precio muy razonable… y sirven para mucho más que para quemar nuestros postres. Como última opción, no queméis el merengue, también puede quedar bonito completamente blanco.




En fin, la receta de hoy es para 6 tarteletas (porque solo tengo 6 moldes, ejem!), pero también puede hacerse para un molde de tartas normal con las mismas cantidades (o sea que ya es bastante…).




Para la masa base o masa sucreé utilizamos la misma receta que para el “Puits d’amour” y procedemos de la misma manera para elaborarla. Guardamos las claras para utilizarlas para el merengue. Dividimos la masa en 6 partes iguales y forramos los moldes con muuuuuucho cariño. Pinchamos la masa y le ponemos un peso (igual que en la receta original) y horneamos a 180º C pero durante menos tiempo (unos 10 o 12 minutos), ya que son más pequeñas. El resto de la receta incluye una crema de limón y el merengue italiano:




Ingredientes para la crema de limón
115 g de azúcar
75 g de mantequilla
100 ml de zumo de limón
Ralladura de ½ limón
2 huevos

Ingredientes para el merengue italiano
2 claras a temperatura ambiente (las que nos quedaron de hacer la masa)
120 g  + 20 g de azúcar
40 ml de agua
3 o 4 gotas de zumo de limón



Preparación:
Comenzamos con la crema de limón, para lo que ponemos todos los ingredientes juntos al baño María y removemos constantemente hasta que veamos espesar la preparación. En caliente no es que espese mucho, lo que notamos es que “napa” la cuchara, o lo que es lo mismo, al pasar el dedo por la cuchara deja señal, queda la marca del dedo. Colamos la crema y la dejamos enfriar un poco mientras preparamos el merengue italiano.




Para ello ponemos en un cazo al fuego los 120 g de azúcar con el agua y cuando alcancen los 100º C (cuando rompa el hervor, que mi abuela lo hacía sin termómetro… y yo también) comenzamos a batir las claras a punto de nieve. Una vez montadas les agregamos los 20 g de azúcar restantes y continuamos batiendo. El almíbar estará listo una vez llegue a los 120º C o lo que es lo mismo, alcance el punto de bola (al mojar un tenedor en el almíbar y ponerlo en agua fría, se forma una bola de azúcar en cada punta del tenedor). Entonces lo agregamos poco a poco, con mucho cuidado, en forma de hilo, sobre las claras, sin dejar de batirlas. Una vez lo hayamos añadido todo, continuamos batiendo durante 5 minutos más y agregamos unas gotas de zumo de limón para que quede más blanco.




Y solo queda montarlo: llenamos las bases de masa sucreé ya frías con la crema de limón y cubrimos con el merengue. Quemamos con el soplete (aishhhh!!!!!) y listo. ¡Buen provecho!